Amarillo II
Estaba en la cocina llenando una botella de agua en el grifo del fregadero cuando vi cómo una oscura sombra se cernía sobre mí. Cerré el grifo y cesé la respiración. Lo único que oía eran los rápidos latidos de mi corazón, que parecían empeñados en ahogar cualquier otro sonido a mi alrededor. Pensé, no podía ser mi compañera de piso. Faltaban horas para que se levantara y ya me habría dicho algo como, por ejemplo, por qué me encogía cada vez más contra la encimera, por qué parecía tan asustada. No había nadie más en casa y me negaba a reconocer que no era alguien, sino algo, lo que estaba detrás de mí. Me negaba a reconocer que no eran imaginaciones, quería creerlo. Me negaba a reconocer que ese algo pugnaba por hacerse oír en mi mente. Me negaba a recordar... esos ojos amarillos en el espejo. Déjame entrar