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Mostrando entradas de 2017

Through the Fire and Flames.

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¿Recuerdas aquel beso bañado por las últimas luces del día? Fue lluvia, fue viento, fue fuego. Cuando nos apartamos, tenías la mirada de quien las ha pasado putas por amor y la misma sonrisa que la primera vez que nos acostamos. Y aunque todo haya cambiado, todo sigue igual. Jax sigue bailando con la Luna cuando no está en nuestro cielo, los gatos siguen corriendo descalzos por los tejados y las espinas de las rosas siguen haciéndonos sangrar. ¿Te cuento un secreto? Vendí mi vida a la misma Muerte por poder tocarte cada madrugada, sin tener en cuenta que podrías ser tú el que se marchara al cambiar de dirección el viento.  Quise trazar los contornos de la magia que emanabas. Me duele encontrarle patrones al universo, ahora que ya no soy la locura de tu insomnio. Quise volar alto como Ícaro, desaparecer en un pestañeo y aparecer en un suspiro. Me duele que juntos nos vieran como floritura en un pentagrama, como inspiración para hacerlo todo excesivo y como lo que éramos: dos am...

Palabras ajenas #1: La Patria Errante

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Cuando cierro mis ojos, aún puedo ver la afilada silueta del Bloodcrow hendiendo la espesa niebla, como una saeta oscura y veloz que se cierne implacable sobre su víctima. Y lo veo a él. Veo a El cazador encaramado sobre el mascarón de proa con forma de cuervo, con la mirada fija al frente, más allá de la punta del Bauprés, y una media sonrisa confiada y temeraria asomándose a sus labios apenas curvados en una sutil mueca. Veo a El Cazador impávido y al viento bailando alrededor suyo y entre ambos el silencio, como si fuesen dos viejos amantes para los que las palabras no tuviesen valor alguno. No, aquel hombre había llegado a una suerte de secreto acuerdo con el viento y había estampado su rúbrica con el salitre de sus velas y la sangre de su alfanje. Aquel hombre acariciaba la madera de la cubierta de su barco con la ternura con la que recorrería la piel desnuda de la mujer de sus sueños y cabalgaba sobre él, como se monta a una furcia de puerto, espoleándolo despiadado contra los el...

Carta a un amor perdido

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Temíamos encontrarnos como se teme la llegada de un largo invierno. Un temor fundamentado en la experiencia del corazón. Cuando nos encontramos, temimos llegar a conocernos demasiado. Un temor basado en la firme creencia de que nuestros más oscuros secretos debían seguir siendo eso, secretos. Y cuando nos conocimos, cuando finalmente nos dejamos amar, cuando nuestras almas se entrelazaron y nuestros cuerpos empezaron a bailar al mismo ritmo, ya era demasiado tarde. Un dios salvaje llamado Tiempo tenía otros planes para nosotros, urdidos bajo la atenta mirada de un dios oscuro y la mano de hierro de un dios de luz. Les debíamos lealtad por encima de nuestros deseos, y no dudaron en hacérnoslo saber. El tapiz que habíamos tejido pronto empezó a deshilacharse. La coraza que tanto nos había costado quemar resurgió de sus cenizas. Y nuestros sentimientos, amor, volvieron al segundo plano del que nunca debieron haber salido. Ahora, con el recuerdo de tu mirada grabado a fuego en mi mente, te...

Paz

Ese momento de paz los tres segundos después del orgasmo. Respiración entrecortada, sudor y esa sonrisa sincera. Nos sabemos poderosos en nuestro pequeño rincón del mundo. La guerra ha terminado y hemos ganado ambos. Beso las marcas que he dejado en tu espalda mientras te vistes. Todavía me tiemblan las piernas cuando te acompaño a la puerta. "Buenas noches, pequeña". Te beso la mano como para intentar retenerte aunque sé que es inútil. Te marchas y, poco a poco, voy bajando de mi nube. Vuelvo a mi cuarto, a mi cama, y me hundo entre almohadones que huelen a nosotros. Lentamente, el calor de la pasión deja paso al frío de la soledad y del recuerdo. Cada minuto que pasa me hace más consciente del descosido de mi corazón. Me refugio en las cenizas de nuestro encuentro y me abandono al abrazo de Morfeo. Tu silueta baila a las puertas de mi mente, llamando la atención de un insomnio ya conocido. Su visita termina dejándome en un estado de duermevela que mis manos no dudan en apr...