Carta a un amor perdido
Temíamos encontrarnos como se teme la llegada de un largo invierno. Un temor fundamentado en la experiencia del corazón. Cuando nos encontramos, temimos llegar a conocernos demasiado. Un temor basado en la firme creencia de que nuestros más oscuros secretos debían seguir siendo eso, secretos. Y cuando nos conocimos, cuando finalmente nos dejamos amar, cuando nuestras almas se entrelazaron y nuestros cuerpos empezaron a bailar al mismo ritmo, ya era demasiado tarde. Un dios salvaje llamado Tiempo tenía otros planes para nosotros, urdidos bajo la atenta mirada de un dios oscuro y la mano de hierro de un dios de luz. Les debíamos lealtad por encima de nuestros deseos, y no dudaron en hacérnoslo saber. El tapiz que habíamos tejido pronto empezó a deshilacharse. La coraza que tanto nos había costado quemar resurgió de sus cenizas. Y nuestros sentimientos, amor, volvieron al segundo plano del que nunca debieron haber salido. Ahora, con el recuerdo de tu mirada grabado a fuego en mi mente, te...