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De un encuentro fortuito transformado en apolínea catarsis

Entonaba la melodía de una canción que nos pertenecía  La caricia de un verso prendido entre comisuras ladinas La sombra vacía de un corazón consternado  Como un eco envolvente de un encuentro inesperado Cuánto dolor abarcará su alma, si a retales rebosa su mirada Y flotan sobre unas ojeras profundas, unas marcas más de muerte que de vida Y tras cada arrítmico latido, contenido y desenfrenado Se deja entrever la profundidad de esa herida que no sana Cubre de nostalgia el aliento el camino hasta el ocaso de esa boca Y bebe del recuerdo impío que impregnado en la saliva perdura Así como yo he de beber de la sangre que derrames al amarme Y en la embriaguez de ser encontrarte, tendida y rendida. Expectante  De los besos que mi boca te ofrezca, seducida por el anhelo De la entrega ofrecida en este suspiro ya marchito Y así agitar esta existencia efímera, desbordada en culpa y melancolía Desvanecida en un catártico delirio. Tuya. Mía. 

La confidencia de un corazón en su cuévano #1

Buscando el debate, me perdí en la provocación. Lloro, suspiro, beso y sangro sobre las cartas que le escribo. Evocando las caricias bajo los soportales, me acomete el pensamiento recurrente de que era lo que menos me convenía, lo que menos quería perderme de la vida.  Que dijeran que no tentara al diablo porque no suele perder sólo consiguió evaporar mis dudas y prender la certeza de que lo que menos importaba era llegar. Tomó el aliento que traspasaba mis labios rotos por el frío y lo convirtió en fichas de un juego de azar cuyo premio parecía ser colocarse un paso más cerca del delirio.   Y en el ápice de cordura que me quedaba, rendí mi poesía al ritmo acompasado de su respiración contra la mía.  Reconocí en esa mirada insondable el atisbo de una ambición afín. Quería dejarme atrapar en esa espiral de vicio y vanidad.  Adoraba que el dolor empañara todo lo que sentía. Que lo que no tocara nuestro anhelo se cubriera de relente. Que la marea de la mañana nos e...

La evocación del olvido

Mi angustia encuentra demasiados objetivos en los que detenerse; desnudar de rocío las aceras para vestir sus inquietudes o añorar algo que nunca he conocido. Cuando la melancolía me ronda, imagino tu espalda sobre la alfombra. El humo saliendo de tus labios hacia los míos. El sumiso claudicar de mi aliento sobre tu ingle.  Colocarte de nuevo en el camino sólo por el placer de volver a tropezar con tu poesía. Era tu respiración sobre mi cuello lo que me hacía olvidar la sed. Era el paseo de mi lengua sobre tus ganas; como un roce monocromático en nuestro descolorido encuentro. Si tan sólo invocando el olor a limón y azahar que embriagaba hasta el éxtasis nuestros sentidos se hace tan presente tu recuerdo, ¿qué no haría por escuchar de nuevo tu silencio?  Sobre el suelo de esa habitación firmamos la definición del amor.